jueves, 31 de diciembre de 2009

El día más antiguo de años: la sinfonía de los adioses.

Todo empieza, por ejemplo, un 1 de enero de 2009 en, por ejemplo, Radio Clásica, un programa que se llama Grandes Ciclos, donde se conmemora cierto número de años de distancia con respecto a Joseph Haydn proponiendo cada día, cierta hora sagrada, la práctica totalidad de sus obras.
Comienza, como diría Eugenio Trías, el Gran Relato de Haydn, y se le oye cantar, con arcos, gargantas ecocesas, tríos, baritones, palabras, misas, oratorios, sinfonías, en palacios, Londres, en cámaras, pianofortes.
Termina, por ejemplo, hoy, un programa dedicado al adiós -farewell, abschied-, donde otra voz distinta del músico lee unas palabras, testamentos, su último cuarteto -que es como aquella despedida de aquel conde en una isla frente a Italia: confiar y esperar, confiar y esperar, el Conde de Montecristo despliega sus velas, y adiós-, su último cuarteto inacabado, su última canción o por lo menos la canción del adiós. Y adiós.
Y, muy atinadamente, el encargado de la dirección de este espacio musical, decide que para concluir, de verdad, se ha de concluir con una sinfonía bastante célebre y celebrada, que es verdad que es hermosa, se llama Abschiedssymphonie, la sinfonía "de los adioses" -se le atribuye más tarde, porque en realidad es la número 45, catálogo, Hoboken etc.
Y todos deberían saber, y si no saben sabrán, la curiosa y famosa anécdota de Haydn al servicio de los Esterházy, familia de nobles austrohúngaros me parece, en un palacio en cierto lugar, donde, Haydn, que es un músico que ya he mencionado antes, se encarga de proporcionar estructura, sonido, eternidad, al príncipe Nicolás y princesa y próceres del lugar, bajo la condición de que le permitan hacer música, como se ve un trato bien arreglado.
Llega cierto día de ciertas fechas en aquel lugar -temporada estival-, y ante el alargamiento de la temporada en el palacio de verano, los músicos de Haydn que quieren regresar, a Viena porque allí se encuentran sus familias, quieren retornar, Haydn les ayuda, sentido del humor, con esta sinfonía.
En el último movimiento los músicos se van levantando -todo se aprecia muy bien en el video de abajo, por supuestísimo-, se van, y Nicolás que es rico pero no tonto se percata, de la elegancia suma del músico excelente, y los deja ir, iros, vámonos pues, les dice.
Se apaga la última vela.
(La música es tan hermosa y es como si fuera la última)

¡Los músicos de Haydn se van de vacaciones!


Y si el mundo comprendiera siquiera la décima parte del significado de este adiós...







(Este año que viene en Grandes Ciclos comienza la temporada de Schumann.
Y uno no sabe, uno no puede...)

Llegar siempre llegar cuando las luces se apagan.

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