
Sentir las ráfagas de viento ante la inmensidad de lo creado por las manos del hombre, bajo la intimidad que transmite una fotografía en blanco y negro es una sensación indescriptible.
Un individuo contemplando la grandiosidad; regocijado en sí mismo, abstraído por la suavidad y la claridad de las aguas y repleto de tranquilidad mientras el gran astro le vuelve a llenar de energía. Al otro lado, la vida sigue impasible, ajena a esta mirada, a esta escena inolvidable del pasado.
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