
Eran hombres lunares luna cabeza de luna.
Y ofrecían el festín de su magín siniestro.
Amonstruadosamente desfilantes,
con sus danzas que cifraban el reflejo conturbado de Selene
en sus fauces ya selladas y silentes.
Plateaban los lagos a una reminiscencia,
de sus mares lunares faz enigma,
trazados puede los surcos meteoro
agudo esparcido y picado de cósmica viruela.
Inatmosféricos y danzantes,
a una el disfraz y los ropajes señoriales,
sin menosprecio de la luz argenta y sus cabales,
alterados alterados fantasmales,
cuándo cielo cielo extenso despoblaba.
Eran muchos y apolares,
disfrutantes satélicos de sus crepusculares
orgías a murmullo en grito.
Era un espectáculo digno luna llena.
Eran sus hijos desorbitantes y calvos.
Bailando salvajes y desenfrenados,
paisajes silvestres y soñados húmedos.
De plata bailando y su
libertad intacta.
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