domingo, 15 de febrero de 2009

Eran.


Eran hombres lunares luna cabeza de luna.
Y ofrecían el festín de su magín siniestro.
Amonstruadosamente desfilantes,
con sus danzas que cifraban el reflejo conturbado de Selene
en sus fauces ya selladas y silentes.

Plateaban los lagos a una reminiscencia,
de sus mares lunares faz enigma,
trazados puede los surcos meteoro
agudo esparcido y picado de cósmica viruela.

Inatmosféricos y danzantes,
a una el disfraz y los ropajes señoriales,
sin menosprecio de la luz argenta y sus cabales,
alterados alterados fantasmales,
cuándo cielo cielo extenso despoblaba.

Eran muchos y apolares,
disfrutantes satélicos de sus crepusculares
orgías a murmullo en grito.

Era un espectáculo digno luna llena.
Eran sus hijos desorbitantes y calvos.
Bailando salvajes y desenfrenados,
paisajes silvestres y soñados húmedos.
De plata bailando y su
libertad intacta.

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