Queremos tanto a Glenda, aquí, desde este sitio -llamémoslo blog; a veces nos reunimos más allá de la falsa comunicación virtual y físicamente nos consagramos al único fin de adorarla.
Son las 5 de la mañana y yo tengo que destinar mis oraciones a Glenda.
Glenda no es una estrella de cine de las de antes. Podría serlo, si quisiera, pero no.
Qué hacemos. La mayoría de las veces soportar cosas. Cosas y cosas, como el vídeo presuntuoso de abajo. Jovencitos que quieren adueñarse de todo el espacio sin reparar en que los demás también queremos respirar y no necesariamente pendientes de alguna identidad descolocada, o sencillamente una identidad.
Queremos tanto a Glenda que a veces nos congregamos bajo su balcón -no sabemos si es un balcón simbólico, entiéndase, porque a veces sí es verdad que tiene una luz encendida por la noche en la ventana, y tras la cortina su perfil tiene un aire asesino o letal que recuerda al de Milady-, nos congregamos bajo su balcón a ofrecerle algún florilegio vocal que hemos compuesto la noche atrás o la misma noche, repentinamente; uno se ocupa de la pandereta y el otro da brincos y celebra en voz alta que Glenda sea tan hermosa, por más que como máximo se digne a tendernos una mano blanquísima desde las alturas.
Queremos tanto a Glenda.
Lo pronunciamos esto último con un deje francoargentino, como debe ser, arrastrando las eses y desvibrando las erres múltiples.
Queremos tanto a Glenda. Que a veces nos confabulamos y clandestinamente destinamos ímprobas horas a construir pancartas que señalen desnudamente nuestro amor incondicional, que ni un sólo minuto del día desfallece.
Tenemos una seña secreta para amar a Glenda, y se nos congestionan las falanges ya de tanto signo confidencial, pero no cejamos.
Vamos a hacer una cosa, y es que uno de nosotros va a irrumpir a media noche en una casa cualquiera y va a dejar una sola pista falsa. Para cuando por la mañana el dueño llame a la policía y trate de recabar información sobre asaltante tan raro, que sólo deja cosas. Una nota, una nota con un mensaje, rojo sobre blanco, que diga:
"Queremos tanto a Clara".
Una pequeña estratagema con el único fin de despistar. Que corra por los pabellones, las callejuelas y los entresuelos y portales el rumor espurio de un amor secreto.
Ese será nuestro golpe maestro. Nadie sabrá de Glenda. Nadie sabrá de nuestro amor desaforado por Glenda. Nuestras claudicaciones y desvelos serán nuestros.
Glenda es sinuosa, blanca -por lo menos su mano-, y su amor es una entrega cenagosa, y tenemos que soportar esta carga.
Un año sin Paco (pero con él)
Hace 9 años
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