jueves, 8 de abril de 2010

Había un cantante, un trovador, que se creía Billy el Niño - ¿Acaso no tiene que comer todo el mundo? - Bajé a Acapulco, pero ya no había nadie




En una comunidad imposible ha de existir una jirafa remota.
Los hombres languidecen frente a ella y esperan
la imagen lentamente.

También ha de haber
un viejo proscrito que escapó de la justicia hace cien años
-estar despierto para el fin del mundo-,
y un payaso de tez blanca
que cante para la niña muerta.
-La niña está muerta y la han
bañado de flores.

En una buena comunidad imposible las banderas
estarán pintadas en los rostros.
-Las barras surcan los dos extremos y
las estrellas son estrellas para los ojos.

También habrá otra niña herida de cabellos dorados que se aproxima
portando
una rosa sin espinas;
con las alas rotas brillantes colgando.
-Pertenece a la banda sucia del payaso
ángeles caídos,
desmembrada estirpe de estrella agostada macilenta y
corazón puro.

Todo esto y más,
en la pobre medida sin linajes:

En esta improbable reunión en que nos desprendemos
las máscaras y rezamos
una oración por la niña muerta.
-El soldado disfrazado de soldado.
E incluso el niño rastrojo.

En la imposible comunidad en silencio,
al payaso de tez blanca y a su banda
de ángeles maltrecha escuchamos todos juntos.

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