Resulta que he estado en tantos sitios que ya ni los recuerdo.
Si vas a un museo neoyorquino, de alguna calle abierta pero que no sea avenida, y pasas a la parte trasera, yo te llevo conmigo, soy pintor, y hay allí algunas personas que rondan, y en especial una habitación con algunos alumnos adultos y un viejo pintando.
Para amenizar la clase -con modelo de carne y hueso desnudo y sentado en un taburete cubierto por una sábana-, me dispongo a poner algo de música, así ambiental, y el viejo, sin revelar excesivo mosqueo pero sí un poco de impaciencia, me detiene.
He ido arriba y abajo de Manhattan. Me he paseado por el Upper West Side, y qué te voy a contar del East Side, nada que tú ya no sepas. El ferry, el metro, son como prolongaciones de mi voluntad, y camino por Central Park como quien camina por una película, sereno bajo el sol primaveral, mirando áticos bonitos a la derecha donde vive el director consagrado, la pareja de actores tan celebrada, encontrándome gente variopinta o haciendo jogging o apoyándome en una fuente.
Parece que me deslizo al borde de la ironía, pero no creas, el mundo es como un programa de televisión, y tú eres el protagonista.
Voy quemando esta noche de club en club, y me gusta lo guapo que resulto a veces, y otras solamente normal.
Tú tienes un amigo que ha estado en el centro comercial de Dubai, y de veras que no me importa, porque no lo conozco, aunque me gustaría que se encontrara aquí, junto a nosotros, para poder reírme lo suficientemente estentóreamente como para que me oyera, así, de forma rotunda, mientras visitamos el follaje primaveral de los árboles de este núcleo de cosas.
Vamos a ver, tú, lector, has modelado tu imaginación con estos rincones y calles. Pero la gente a veces olvida que la gente trabaja, como en las series de televisión.
Trabaja 8 horas al día siguiendo el modelo americano, trabaja en vertederos, trabaja vistiendo perros de Prada, o trabaja diseñando puentes.
Qué gran verdad que tanta gente, tanta gente, destinada a tanta tarea estéril, pero lo cierto es que parece que no, pese a tu amigo, lo parece pero sí que hay una respuesta.
Lo hemos enfocado mal tanto tiempo. Lo hemos orientado tan mal, tantas horas vacías, tanta gente que no vale para nada, tanta sinrazón de pasear o tomar un taxi, o subir en el ascensor.
En el metro hay grupos musicales que merecen la pena. Yo he visto a un par de grupos en Youtube que son realmente buenos, y otros que son alpiste de adolescentes, y también he visto videos falsos de Osama Bin Laden siendo asesinado.
Es complicado que entiendas mi nuevo sistema. Se diría qu eya estaba inventado: residía en la música, pero es otra cosa que ya venía de antes.
Acercaos a las bibliotecas, pues allí se hallan todas las respuestas que no perecen, a no ser que se extienda el fuego, pero las respuestas, amigo mío, ay, cita célebre, están sobrevaloradas.
Yo podría haberme ahorrado toda esta verborrea, dando cauce a pensamientos menos barrocos, y, en lugar de una canción de Violadores del Verso sobria, haberme comprometido en un relato eficaz, austero, a lo realismo sucio americano, yendo al clavo, dejando entrever, sin mostrar, ser testigo, ser dios, ser un gusano que se desliza por la pared, podría haber hecho algo de eso, pero he preferido atropellarme, porque hemos enfocado mal todo el asunto, nos hemos estado equivocando tanto.
No hay totalidad por el Arte. ¿Pero creéis que esot iba sobre el arte, o sobre la guerra, o sobre Bin Laden viendo una televisión de mierda en su casa? Locos, fanáticos religiosos, fanáticos del dinero, fanáticos de los gatos, fanáticos de otros fanáticos, fanáticos de los agraciados genéticamente, escuchad, panda de anormales, gente bendecida por las estrellas, aquí desperdigados o concentrados en Tokyo como putas rumanas en un lupanar de carretera.
El verbo es fácil: hacer. Qué verbo.
La respuesta tiene labios, ya lo sabiais. Ningún arte merece la pena. Y la ciencia es como mover los músculos hacia delante. Eso sí merece la pensa. Pero seamos sinceros, ya es tarde para eso. EL conocimiento técnico del mundo está restringido a unos pocos severos, que no leen esta clase de cosas.
He aquí mi respuesta:
He estado enamorado de la misma canción desde hace dios sabe cuantas noches, y una vez me tragué un cigarrillo encendido a sabiendas de que era más que probable que se fuera apagando hasta llegar al estómago. Hizo mi voz más fuerte, y más vieja.
Yo la quiero a Ella como se quiere levantar el brazo cuando alguien te retiene bajo el agua y quieres levantar la cabeza. COn la imposibilidad de los gusanos de doble cabeza. Algo así.
Menudo relato de mierda. Los edificios son historia. Acabemos con las avenidas. Rasuremos los parques y prendamos fuego a las cosas.
Esta es la historia de cómo llegúe a la parte trasera de aquel museo, como si fuera una trastienda. Con el poco espacio disfrutable que asumes es normal en Nueva York, con tan poca tierra para tanta civilización.
De cómo pocas o prácticamente ninguna cosa me importó aquel día, y eso que todavía era de mañana, las 11 o las 12 o así, y de cómo estaba cansado ya de antes, así que eso no cuenta.
Esto es de cómo ante mi vista yo y los hechos desafiaron a Rimbaud, mi muy querido Rimbaud, al que amo como amo a dos músicos de mi tierra, que cantan verdades servidas con alcohol.
Esto es de cómo Rimbaud y los surrelistas, que veían barcos en las aceras, que soñaban ríos de crueles riberas a plena luz del día, que convocaban cocodrilos, a la diosa ebria, las sentaban en rodillas y tal, eran automáticos, veían todas las cosas que no se ven detrás de cada cosa y eran de todo menos realistas, siendo, por tanto, los más realistas de todos -imagino. Queda bonito.
Tengo que hacer más transgresoramente poético el párrafo anterior, porque le debo mucho a Rimbaud, el único real, y a los surrealistas, aunque es cierto que igual lo que faltaba era algo de LUCIDEZ. Y la lucidez es reírse de todo hasta reventar, sin, siquiera, nunca, jamás, esbozar ni una sonrisa.
Esto es de cómo, aquel viejo, plantado allí con su pincel, paleta raída, quién sabe venido de dónde, pobre, un poco menos pobre, bueno en el dibujo, genial pintor olvidado, en una buhardilla, alcoholizado, con bara de tres días, aspecto más o menos presentable, venido de algún país del este como las putas, con ese acento tan bonito que sale aen algunas novelas típicamente neoyorquinas, de las no nauseabundas, quién sabe con qué voz, más o menos cascada, me detiene a los 4 segundos de haber puesto no se qué mierda ambiental, y sin ajustarse al modelo de relato escueto, construido como quería Flaubert, con cuidado, piedra limada sobre piedra, yo lo respeto, pero me da igual, hay que decir bastante antes de desaparecer en el Hudson, el viejo va y me dice, no describo ni si su tono es autoritario, dulce, jovial, soñador, nostálgico o cómo, ni presento sus circunstancias biográficas ni describo en absoluto. Los más sagaces que hayan leído el título ya habrán adivinado. El viejo va y me pide como colofón va y me dice:
-Pon Beethoven.
Beethoven tiene mucho, joder, hay algunas cosas que hemos oído tanto que ya han perdido en un primer momento el sentido, y es cierto que no hay nada eterno y tan laberíntico o como el libro de arena borgeano que se renueve una y otra vez; y que cada vez que oigamos cierta pieza ya no será algo inabarcable, y mejor no haber estudiado armonía, asi nos atraviesa siempre como el cristal.
Pero yo creo que es mejor conocer, o haber conocido. Y luego puedes dejarlo o esperar, quién sabe, quién sabe qué desearía aquel viejo, si los últimos cuartetos, sí, sí, tremendos, o si tal o cual movimiento de tal sinfonía.
Yo la verdad es que sé bastante sobre la 6ª sinfonía. Sabía poco y me resistía, pero me dije: "Es mejor conocer".
De hecho, es de lo que más he leído de lo que más me he informado, de todo el catálogo de Beethoven, junto a las canciones escocesas que hizo el genio arrreglando tonadas de aquellas tierras, y que a mí personalmente, como pintor que no sabe mucho de música, me devastan.
En fin, la sinfonía pastoral es pastoral, hasta ahí bien, y va sobre el campo, el campo ideal, visto con sus tormentas, espasmos, violencias, cabras, árboles, Dios creador, beldad, naturaleza, realidad, juego creativo.
El último movimiento parece sencillo, creo -porque no lo escucho desde hace años, y solamente lo he escuchado 2 veces en mi vida, pese a que le resto de la sinfonía lo habré escuchado decenas de veces-, y se reduce a esto: ha habido una tormenta en el anterior movimiento, y ahora escampa, y los pastores se alegran, y ascienden una colina, y el sol regresa.
Bien, lo habéis adivinado, reservo -yo, no el pintor del principio que decía sandeces sobre Nueva York o vete tú a saber, ya lo he olvidado-, reservo ese movimiento para el final, justo antes de desaparecer, y es una de las pocas cosas que sé seguro sobre mí, sobre las cosas, que contradicen y al mismo tiempo abrazan a Rimbaud, que alnguidecen, se pierden, desfallecen, es una de las cosas de esas reivindicadas por su simplicidad.
Podría haber escogido a Brhams, el bueno de él, lo amo, muac muac, pero es el último de la pastoral.
Pues bien, sé que seré devastado, fulminado, pero ahora bien, eso es mi presente y aún así queda lejos, me he ido enrollando, el hecho es éste:
Resulta que son las 11 o 12 de la mañana, yo estoy jodido de dinero pero tiro adelante como pueda, he venido caminando por Central Park y he visto el ajetreo de la ciudad acostumbrado, la seguridad, los coches nauseabundamente grandes, la gente, ni me va ni me viene, sonrío, soy amable, pero soy brusco y he llegado a la trastienda.
hora soy de nuevo el pintor, pintosr más bien mediocre, pero oye.
También ninfas menos bellas han de libar del cáliz de la fuente original. Y no es que yo sea una ninfa joder, que me van las tías.
El viejo, no mitológico, no nada, en una mañana tan soleada y primaveral y mediocre como yo, va y me dice:
- Pon Beethoven
Yo -yo-, que la he besado lo inbesable. Que me supe una vez cada sombra del pliegue de sus dedos pero ya he olvidado, Que tuve oportunidad y la he cagado. Que recé a Dios, con mayúscula, por verla sonreir de cierta manera. Y que he escuchado muchas canciones, yo me siento en otro taburete, y se me rompe el corazón cito blandito en mil pedazos, y es literal, y los médicos no se explican que clase de cosa es esta tan extraña, y yo me digo: "Es esto, no había otra cosa"
Y me reprocho no haber estudiado medicina para ocuparme de mi diagnóstico en particular, o ingeniería para ser un chico normal y ella fuera mi chica normal, y dejarme de aspavientos y gritar a la luna y esas cosas tan románticas. Debería haber hecho caso de las profecías.
El viejo me acaba de destrozar. Me alegraría un párrafo separado para tomar aliento, pero una vez arrancados ya no hay detención posible, y esto se termina. Puto sol. Adiós a todo aquello. Me gustaría haber conocido. Pasear con ella bocabajo de esa nube con forma de posibilidad.
Qué cagada macho; qué cagada tan grande.
Un año sin Paco (pero con él)
Hace 9 años
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