domingo, 31 de octubre de 2010

Otro día perfecto para el pez plátano - [I]

Empiezo a recordar.
Mi entrada en Jerusalén, de la que no tenía conocimiento.
Cómo llegué ebrio a derrotar una tarde al monstruo, y luego al emperador.
Nuestra salida hacia el mar, una mañana.


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Es bueno tener esta edad.
Estuvimos una vez con papá y mamá en el cabo y yo dije: ¡Soy capaz de saltar!, ¡Soy capaz de saltar!, pero ellos no me dejaron, porque creían que era una locura.

Recuerdo una vez en clase que estábamos estudiando los distintos climas de la Tierra, pero que de pronto un pájaro se posó en una rama cerca de la ventana, y el profesor Willow dejó de explicar, y nos dijo que ese era un petirrojo la mar de raro, y que sólo existían cinco petirrojos en el mundo y él había recorrido todos los países y planetas pero que sólo había conseguido capturar cuatro, y justo ahora era éste el último que le faltaba.
-Han pasado veinte años, y ha venido hasta aquí. Nos dijo.
Luego bajó las escaleras tan rápido que llegó al patio en menos de lo que tarda un coche en cruzar Willows Avenue, pero para entonces el pájaro ya no estaba, porque Peter Bryson le había lanzado una goma de borrar y lo había espantado. Peter Bryson siempre fue el chico más cruel del colegio, y casi todos lo odiábamos.
También recuerdo el día en que Jenny me dio un beso en la mejilla sin venir a cuento a la hora del recreo, pero yo le dije que no quería ser su novio, y desde entonces no me volvió a hablar, hasta que fue la primera chica a la que le empezaron a salir las tetas y yo le pregunté si me las enseñaba, y me dijo que era un cerdo, y yo le dije que había sido idea de Mike, mi mejor amigo, y a Mike lo castigaron al final.
Yo le pedí perdón a Jenny, pero el curso siguiente se fue a otro estado, porque su tío le daba un trabajo a su padre.

No lo he dicho, pero no estamos lejos del mar.
Yo voy a atravesar los campos de maíz. Voy a ir abriéndome paso sin emplear ninguna herramienta.
Saldré al amanecer, porque no es recomendable caminar solo por la noche, y más o menos cuando esté atardeciendo conseguiré ver hacia el fondo de las espigas el principio de una colina.
Detrás de esa colina, está la playa, hay algunos barcos abandonados, pero en la televisión dijeron que llevan allí mucho tiempo, así que ya no son de nadie, y yo trataré de reparar uno.
Si no lo consigo, seguiré hacia el norte; basta con fijarse en la sombra de uno mismo que proyecta el sol al mediodía. Y lo más seguro es que no me cueste demasiado encontrar alguna clase de selva.
Me juntaré con las jirafas, porque son los seres más pacíficos del reino animal, y comeré lo mismo que ellas, dormiré a la misma hora, jugaré a lo que ellas jueguen, o si me canso iré más adentro.
Hay ciudades enteras abandonadas llenas de oro en las selvas, y con un poco de paciencia uno puede reconstruirlas, y nombrarse rey, y entonces los monos te traen la comida y son tus protectores y amigos, o tus soldados si hay guerra porque otra persona se nombra rey en una selva distinta o incluso en la misma que tú.
Y si alguna vez quieres volver, al principio ellos se resisten y te engañan, pero al final te ayudan a encontrar el camino.

Me arrepiento de haber espantado el pájaro del señor Willow, de no haber bateado aquella bola, de haber saltado en el cabo, y de no haber sido novio de Jenny. Porque Jenny era pelirroja, y las pelirrojas traen suerte.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso todo el hilo de "Jenny" =)