Dejaos de aviones, móviles y pantallitas. Vamos a volver al Renacimiento y como mucho un poco de Barroco.
Educaremos a las masas y haremos turnos para ir entrando con una vela a los teatros.
Se honrará a Dios, seguro, con la gola y la garganta. Pero en el trono se sentará el niño que hace balancear sus manos cuando Händel o Monteverdi; y las damas se desmayaran un poquito menos, en los jardines de palacio, que serán los jardines de un palacio en las alturas.
Muy alto.
Tampoco es necesario que sea demasiado.
Lo suficiente.
Del resto -de Dios, del Amor, de todo- se encargarán tipos como el de arriba.
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No, no, ahora en serio, lo tengo todo pensado:
1º) Controlamos la natalidad, limitamos la población de forma sana -en este sentido el único avance permitido serán los anticonceptivos-, y regulamos de esta forma el territorio asignado a cada población, que tenderá al modo de organización renacentista.
2º) Sin entrar en más detalles, cultivamos la tierra de forma tradicional, con métodos asumiblmente modernos, de modo que no suponga excesivo esfuerzo para nuestras espaldas pero sí el suficiente. O decididamente sólo con bueyes y yuntas...
3º) Nos reunimos al término de la semana -día por y para el que labramos los seis restantes-, y acudimos al teatro a escuchar a Jaroussky y a otros de su estirpe -para los que, por cierto, trabajamos además.
4º) Nada más.
Los problemas que pudieran surgir, referidos a la naturaleza humana etc., serán fácil y obviamente resueltos.
Bastará con que Jaroussky advierta, a la sociedad por ejemplo envidiosa de ciertos pastos de la de enfrente: "A que no voy el domingo del mes que viene a vuestro territorio".
Exceptuando al pobre sordo: solucionado.
Un año sin Paco (pero con él)
Hace 9 años
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