


"Por ahora fue. Era...
Para llegar arriba, antes hay que atravesar la plaza.
La ciudad, abandonada. "
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He atravesado esta plaza, y no quiero ser fragmentario.
Recuerdo que la plaza tiene, la plaza tiene -pero no incurriré en fragmentación-,
la plaza tiene ventanas y puertas vagamente, pero ante todo la plaza puede tenga un sobrearco gravitando encima, todo quieto hay una estatua vacía en medio: solamente el espacio de un pedestal:
está bien, lo diré, puede que esta plaza sea simbólica y hasta puede
que sus edificios sean construcciones estáticas
solidez de la mente revelada.
La revelación es una plaza siempre vacía, siempre vacía,
en invierno tenue neblina el rigor de la no escapatoria y fantasmas,
pero como ahora no estamos sino aquí y la luz es ciertamente extraña, hemos dejado la plaza,
pues la plaza no era sino preámbulo: algo se ve.
Resulta que a resultas resulta que hemos dejado no que pudo ser sino lo que era, y que ahora tan sólo nos espera -¿nos espera qué?-, está bien: el palacio, el ascenso metafísicamente ominoso -quizá ominoso sea en exceso vitando, y debamos acudir al recelo, a la premonición seca de extremos, presagio; alto árbol hueco en el oído extrañado-: la Sacra de San Michele.
La metafísica quiere decir quedarse quieto parado: no sé adónde he llegado.
pero de algún modo estoy aquí.
Ni por un segundo creeré que todo es sencillo:
tú me ofreces, los campos y las fuentes reverdecen
y en el mercado:
telas de azul como el cielo límpido a buen precio parecen
vendérsenos a buen precio: nada es así.
Te diré cómo es:
El mundo no es nada, quiero decir.
La realidad es ese edificio: no hay artificio:
la realidad es esa escalada.
Sí subes, cuando subas, nunca lograrás subir y te diré por qué
debes sacrificar tu locura -aguanta firme de algún modo
tu cordura frágil porque: el espacio es el espacio el espacio
tiene los los límites que la ladera impone: y nunca subirás.
Esto es: los espacios colindantes: solo hay un mundo y nunca
es el mundo de antes: sólo hay un mundo
y no es éste,
nunca llegarás.
La montaña florece sus piedras labradas,
lisas, limpias; y nunca sabrás quién labró,
edificó esa verticalidad y
cuál es el secreto: estás terroríficamente solo ésa es la revelación y en
el horizonte se adivina
la silueta definida de una metafísica torre -decir eso es no
decir nada: te contaré una historia:
Alguien llegó hasta aquí
-cómo puede existir este lugar y por qué
sólo esto es real-
eras tú y se dio cuenta ese Alguien
que excepto el viento
-a veces fuerte-
todo era silencio.
Toma los presagios como quieras
-no hay presagios-
pero lo cierto es que esto es muy extraño.
Y el viajero nunca acabará de llegar ni de irse.
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Pero quizá si a la oquedad de los pasos
sumáramos nuestras sombras:
pero eso es ya es otra historia,
aunque sea la misma plaza y en
nuestra memoria siempre
lleguemos cuando la luz se borra.
(Pero eso ya es consunción,
y también una seria amenaza que es verdad que
pese a la más grande sombra tú
siempre tú siempre eras
fuiste
siempre más hermosa que Él.)
Pues eso.
Que eso ya no es un era eso
eso es ya es un fuiste es un
Fue:
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